domingo, 12 de enero de 2020

Tu amor me hace daño: Identifica y huye de un amor tóxico


¿Cómo escapar de una pareja tóxica? Tolerar las imposiciones de esa persona que dice amarte puede ser el inicio de un infierno. Esta historia tiene un playlist en Spotify, con canciones que nos han acompañado a idealizar, muchas veces, un amor enfermizo.

Escribió en su historia de Instagram: “Yo era demasiado universo para una estrella tan puta”. Pero al fijarse que ella ni siquiera la había visto, a los quince minutos, la llamó y le dijo que sin ella no podía vivir, que olvide esa pelea. Le dijo, en broma pero era verdad, que ‘Mi propiedad privada’ era la canción que representaba todo su amor. Le escribió por WhatsApp que el 2019 fue el peor año de su vida, y que lo único bueno era ella, ella, ELLA. Le dijo: Mi vida no vale nada sin ti. Y le pidió que nunca se fuera, nunca me abandones.

El mejor regalo de esta Navidad fue planificar un 2020 sin esa persona tóxica, sin ese falso amor, que mintió para retener, que inventó una historia para fortalecer un vínculo, que jugó con tus puntos más débiles, con tus heridas del pasado. Esa persona se adelantó a lo que ocurriría luego, quizás porque sabía que era tan dañina como la nicotina que consumo a diario: te irás como todos, me dejarás, me harás a un lado, y no querrás ni recordarme. Con ese papel de víctima te (me) arrastró a un abismo.

¿En algún momento de la vida te ha tocado ser la tóxica en la relación? Posiblemente no te diste cuenta y todo acabó en paz. Buena suerte, y hasta luego. O quizás tuviste que aguantar y el amor no es aguante. Tolerar las imposiciones de un tóxico (a) que dice amarte puede ser el inicio de un verdadero infierno.

Cuando has tenido los dos papeles -porque la vida es una ruleta-posiblemente ya no quieras repetir el patrón. Que tu ALERTA funcione es genial. No a todos les pasa.

Cuando tocas fondo llega el momento de tomar las riendas, tus riendas. Y el primer paso es aceptar: soy una novia tóxica, soy parte de una relación tóxica, hay una tóxica en mí.

El psicólogo italiano Walter Riso, autor de ‘Ama y no sufras’ y de ‘¿Amar o depender? (Editorial Planeta), me contesta el teléfono desde Barcelona. Tiene las palabras exactas: “El amor tóxico en primer lugar te hace sufrir, y en segundo te hace renunciar a tus principios y valores, por lo tanto te pierdes el respeto”.

Si analizas tu historia sentimental hay tres opciones: 1) bravo, no es tu caso 2) eres del grupo de los tóxicos y 3) sentir cierta alegría porque un amor tóxico no te tragó.

Yo soy de las que marcaría 3, pero he sido tóxica también.

Riso esboza el escenario desolador: vivir en una zona de confort triste, en la que pierdes la capacidad de rebelarte, de ‘desobedecer’ y acabas por sentir que estás frente a una autoridad irracional que te quiere destruir o castigar: “Cuando la persona llega a la consulta psicológica, ya sabe que está en una relación tóxica, mala, poco atractiva, de la que tiene que salir. El problema es cuando no es capaz de salir”.

La terapia es la única opción: “Si estás con una personas tóxica, te tienes que ir. Algunos padecen trastornos que son curables, manejables. Puedes estar con una alcohólica que es tóxica, pero acepta ir a Alcohólicos Anónimos, a una terapia y mejorar, pero a veces hay maneras de ser que no tienen mucho arreglo, entonces hay que irse”. Si te quedas, a pesar de todo, eres un dependiente emocional. NECESITAS AYUDA.

El autor de 25 libros con reflexiones para tener una vida mejor remarca que “cuando eres dependiente emocional tienes una adicción, una adicción sin droga” y debes buscar ayuda profesional.

Es preciso trabajar en la autoestima, hacerse cargo de uno mismo, dejar de pensar en el estado de ánimo del otro. Es momento de reconstruir o construir la dignidad.

“Uno debe luchar y no resignarse, uno merece ser feliz y no merece que te lastimen y esa es una frase muy fuerte, muy potente y hay que asumirla. Porque hay que poner un alto”, sostiene y da en el clavo: “De nada sirve que te endulcen los oídos si te amargan la vida”.

Al amor, insiste, hay que aprender a ponerle un adjetivo calificativo, porque hay amores dignos y no dignos, amores patológicos y no patológicos, amores sanos y no sanos, hay amores que están enfermos. El apego es una adicción.

CON LOS OJOS CERRADOS

La psicóloga peruana Martha Kaik afirma que hay un alto porcentaje de parejas que se mantienen a pesar de la infelicidad: “Porque en estas relaciones, el abusador tiene una personalidad también encantadora, por un lado te agrede pero al mismo tiempo, cuando se baja la tensión viene y te llena de detalles o viene con chantajes emocionales (sobre todo cuando hay hijos)”.

Ese tóxico o tóxica tiene una personalidad narcisista. Es decir, es egocéntrico, dominador, se cree dueño de la verdad y “esconde un sentimiento de inferioridad terrible y justamente desarrolla un falso ‘yo’ que lo hace sentirse superior. Por eso, cuando tiene una pareja, para sentirse bien, necesita disminuirla”.

Y acota: “No debes dejar que nada ni nadie perturbe tu desarrollo personal y emocional. En la medida en que cada persona se desarrolle de manera independiente, con autonomía, con un buen autoconcepto, va a poder identificar a este tipo de personas y salir de esa relación rápidamente”.

En la terapia, dice, hay un buen pronóstico cuando el tóxico o la tóxica, decide hacer un cambio. Pero si solo lo hace para complacer a la pareja o no perderla, la situación se torna compleja.

Propone enfocarnos también en la prevención, por lo que debemos educar a nuestros hijos con autonomía, con confianza, con buena autoestima, y en respeto al otro.

No hay que romantizar el amor tóxico. No hay que ponerle flores al infierno. No hay que idealizar el amor posesivo. No hay que resignarnos a un amor infeliz. Ya no. No. Chau.

(FUENTE: peru21.pe)

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